miércoles, 1 de julio de 2009

Para volar este verano

Y porque sólo la fantasía nos hace volar por encima de la injusticia es tan importante darle alas con una buena biblioteca.

El último libro que leí me hizo disfrutar tantísimo que ahora ando combinando tres para que me causen la mitad de su interés, así que al menos se merece unas líneas de agradecimiento y de difusión por lo buenísimos ratos que me ha hecho pasar.

“El antropólogo inocente” relata las pericipecias de un antropólogo inglés llamado Nigel Barley que se decide a completar su perfil profesional, estrictamente académico hasta ese momento, con una experiencia de “trabajo de campo”, para lo cual se interna en el África Occidental, con el objetivo de conocer más a fondo la forma de vida de la Tribu Dowaya.


Pero su relato dista mucho de ser la fría descripción de parentescos, ritos, y sistemas económicos a los que nos tiene acosumbrado el gremio. Barley sabe que ninguna realidad puede escapar a los ojos del observador y nos cuenta no solo la cultura objeto de su estudio, sino también lo mal que lo pasó él como investigador de esa sociedad, regalándonos con un purísimo sentido del humor inglés un buen monton de situaciones desesperadas y desternillantes. Imprescindible para cualquier persona interesada en la disciplina antropológica y muy recomendable para cualquier otro lector profano en la materia.

¿Sabían ustedes que la intimidad no es un deseo ni una costumbre universal? Los Dowayos tuvieron que elaborar una complicada creencia para explicar porque los hombres blancos que llegaban a la aldea se encerraban en sus chozas empeñandose en cerrar cualquier agujero por el que la comunidad pudiera verles. En realidad no eran blancos, eran negros, y por las noches se quitaban la piel blanca y la dejaban el perchero, cerrando las ventanas para que ningún otro dowayo pudiera saber su secreto y despojarles de los privilegios de la raza blanca.

Lo cierto es que en este punto yo también me siento un poco dowaya y cuando mi suegra o cualquier otra mujer al visitar mi nueva casa sugiere que me faltan las cortinas me dejan perpleja. ¿Y para que corcho me habré gastado yo una pasta en un piso en el que todas las habitaciones tienen amplias ventanales exteriores?. No creo que ninguna cortina sea más bonita que mis vistas. "¡pero te verán desde la calle!".- me responden escandalizadas. "Ni que tuviera que avergonzarme de mi piel".- podré contestarles ahora.

Mañana vuelvo a partir para Vinaroz a inaugurar la Biblioplaya, ésta si que no tiene nignuna pared y es transparente para todo el que pasa lo que ocurre dentro y el trabajo de mis monitores, así que todo tiene que funcionar a la perfección.


Estoy seleccionando los libros que les llevaré y admirando la cantidad de ejemplares interesantes que nos han regalado las editoriales: uno con fotos de futbol con el prólogo de Valdano, otro de los viajes de Emily Dickinson, otro con actividades familiares en la naturaleza... Qué lastima que Vinaros quede tan lejos de mi pueblo, sino yo misma pasaría el verano en las instalaciones que tengo encomendadas organizar y supervisar.

He aprovechado para hacer un pedido para mí, entre otros voy a recibir las Balas de Carmín, tan esperadas, y varios de la doctrina de Latouche con el que espero argumentar a mis amigos liberales otras alternativas al capitalismo feroz ni anárquicas ni comunistas.

Parece que sí, este verano nos elevaremos al cielo.

7 comentarios:

  1. Me ha encantado la entrada, Bárbara. Y tomo muy buena nota de la referencia literararia (que desconocía) comentada.

    Como liberal que soy, me atrevo a mencionar "La acción humana" (Human action) de Mises, como antídoto frente al totalitarismo. Pero tal vez no sea una lectura apropiada para la playa.

    Un cordial saludo.

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  2. Me alegra que le guste Rogelio. He corrido a Google a conocer al Señor Mises, y no sé si mis básicos conocimientos de economía me permitirán disfrutar de esa lectura, pero estaría bien como antídoto a Latouche, así como para no terminar de tener nunca nada claro, jajaja.
    Ya le diré.

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  3. Dª Bárbara, todavía me estoy partiendo de risa, le voy a enseñar su entrada a mi mujer que siempre me ha repochado, con buen humor eso sí, que en mi casa de soltero las cortinas no existían.

    Yo también debo tener debajo de la blanca una piel oscura de Dowayo, quizás heredado de mis ancestros indonesios los chingamonas.

    "¿Y para que corcho me habré gastado yo una pasta en un piso en el que todas las habitaciones tienen amplias ventanales exteriores?. No creo que ninguna cortina sea más bonita que mis vistas. "¡pero te verán desde la calle!".- me responden escandalizadas. "

    Esa, esa misma, ha sido mi cantinela durante años en los que he respondido que si les gusta mirar, que miren y saquen la muestra a la plaza. Que a mí me encanta que me vean, incluso echar yo mismo alguna miradita a la vecina.

    No sabe con qué orgullo espero que esas Balas de carmín lleguen a sus manos para entretener el ocio estival. Me encanta saber que la va a leer, incluso se la recomiendo como entretenimiento, ligero, nada trascendental para su no esposo, ya que mis estudios de campo sobre lectores masculinos dicen que causa admirables y turgentes erecciones entre los varones más proclives a ello.

    Aun resuenan en mis castos oídos las palabras de agradecimiento de la hermosa señora del presidente de la Casa Vasca de Colombia cuando me manifestó en Bogota su agradecimiento porque, una vez leido el libro, la dormida líbido del vasco, despertó como por diabólico conjuro y, tras la lectura, le hacía el amor a la bella dos veces al día.

    Con mi más profundo afecto. Ya me contará, Doña.

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  4. Siento no haber sabido encontrar el odo de que figure mi identidad. Soy yo, su seguro servidor, Dª Bárbara. García Francés.

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  5. Me alegro de que ya sea una realidad el proyecto de la Biblioplaya... si es que, cuando te pones, no hay quien te pare! Ya me contarás qué tal fue.

    P.D. Como supondrás, yo tengo cortinas semitransparentes en todas mis ventanas, para ver sin ser visto. ;)

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  6. ¡Hombre D.Alfredo!, no sabe como me alegra encontrar un occcidental con la misma despreocupación (incluso agrado) porque los demás le observen. Estoy convencida de que esa actitud implica mucha transparencia, sinceridad y seguridad en si mismo (además de una buena dosis de vanidad). Las cortinas sólo hacen que acumular polvo y asustarnos de niños... que siempre imaginamos que hay un hombre malo detrás de las de nuestro cuarto.

    Es la segunda vez que pido su libro, porque en la librería en la que lo encargué la `primera llevo un mes y medio sin noticias. Así que me he decidido a pedirlo también en otra. Oiga y si finalmente me traen dos, y mi no esposo y yo nos decidimos a leerlo a la vez, igual hasta tenemos un estallido de pasión conjunto, que digo yo que tendrá los mismos efectos en las mujeres que en los hombres ¿no?, mire que yo soy fácil fácil de encender. Uys!,quizás no debería decirle esto a ¿sus castos oídos?, jajaja.

    En fin, muchas gracias por eso de "su siervo seguro", aunque no hacía falta la aclaración del anonimato, sería imposible no reconocer sus escritos, amigo. Un abrazo fuerte.

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  7. Edison, cómo lo de la biblio ya te lo he contado por el messenger, vayamos a las cortinas, que no me extraña nada de nada conociendo lo reservado que eres a veces a la hora de contar claramente tus cosas. Cuéntame: ¿porqué no quieres que te miren?

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