martes, 15 de diciembre de 2009

Ceremonias fúnebres

Queridos acompañantes de este blog,

Vamos a chapar.

Vivimos momentos de duelo,
Y hay que cavar tumbas para todo lo que muere en nosotros.

Se desafellecen las ideas sobre los partidos, sobre la forma en que los afiliados participamos en ellos. Se derrite una red de vínculos. Se disuelven las bárbaras palabras.

Todo se desestructura en una sacudida. Y el camino se enmaraña en nudos y terminaciones sueltas, en muebles rotos, polvo y en caras de bomberos, y manos cercanas que ayudan a los afectados.

Entre las ruinas, la breve historia de este blog y las ideas sobre la responsabilidad política y otras barbaridades que vertía en él Nuria Quiles.

Dilapidada en los escombros la cuota que pago a upyd, perdida entre los números rojos de mi cuenta bancaria. Enterradas también en algún lugar de las ultratumbas las 25 papeletas navideñas que tenía que vender y por las cuales he tenido que abonar 125 eurazos.

Y atendida por los cuidados intensivos del CEL LOCAL una militancia la, 14.414, de tan sólo tres meses de vida, que aunque en pronóstico muy grave no alcanzó a morir el 12 de Diciembre en esa reunión en la que medio centenar de afiliados pusieron fin a su vinculación con UPYD y empezaron a imaginar otros escenarios.

Si los administrativos de la sede nacional son eficaces tramitarán la pena de baja a esta militancia de oficio en unos pocos meses. No se pierden ninguna estrella de la política, mis competencias son escuetas y vagas en la reflexión y el ejercicio del poder común.

Sé sin embargo que algunas de las personas que he conocido a través de este blog sí me van a echar de menos, y yo a ellos. Así que si la ausencia se hace muy sentida seguro emprenderemos los caminos para vernos, quizás en los bares o en los foros o en las listas de correo o en algún proyecto que nos encienda la chispa de la ilusión común. Estoy segura porque en los ciclos de la vida, el misterioso balance hace siempre crecer junto a las perdidas, ganancias.

No quisiera despedirme sin hacer referencia a lo acontecido con la MadrAstra 5, la Choni. Uno de estos días de invierno, Padre me dijo que no volvería a verla por casa.

-¿Cómo?, ¿ya no habrá más cordero al horno?.- nos preocupamos mi hermano y yo en seguida.

Y sin que sus platos exquisitos, sus atenciones a la familia, su espíritu trabajador, su sencillez, su perro, su periquito y los garbeos de seducción de mi hermano a su hormonada hija adolescente abandonasen todavía mi cabeza, dibujóseme en el corazón un lavavajillas, ahora más flamante que nunca pues habría más dinero del presupuesto paterno para el regalo navideño de los hijos.

Y ensimismada en estos pensamientos, agradecida a la Choni de que, ya que se iba a ir tuviera la generosidad de hacerlo antes de fechas tan señaladas, aparecióseme en el camino en vez del lavavajillas tremenda columna del parking acariciando con ansia la puerta lateral del coche de mi padre.

Y dado lo elevado del coste de la reparación, cual cavamos tumbas para los sueños y para los blogs enterramos mi ansiada Balay.